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La confianza como estrategia: el modelo que lleva dos décadas acercando la detección de cáncer a la comunidad latina de Suffolk

En el Condado de Suffolk, no contar con seguro médico no es solo un inconveniente burocrático. Para muchos, es la diferencia entre poder llegar a fin de mes o, potencialmente, endeudarse. Es encontrar un cáncer a tiempo o pagar las consecuencias porque ya es demasiado tarde.

El Programa de Servicios contra el Cáncer del Condado de Suffolk lleva casi dos décadas intentando cerrar esa brecha, y con una nueva estrategia, tras miles de exámenes preventivos realizados y un equipo que tuvo que reinventar por completo cómo llegar a la gente, está logrando sus mejores resultados.

A principios de 2023, Brenda España llevaba días sintiendo algo raro en un seno. Era como si alguien se lo apretara por dentro, una sensación extraña, difícil de describir, pero que claramente le decía que algo no andaba bien. España, quien nació en Zacapa, Guatemala y ahora vive en Riverhead, había intentado varias veces pedir una cita con un especialista, pero la respuesta siempre era la misma, sin seguro médico, era imposible acceder a un médico, o hacerse exámenes.

“Como yo no tenía seguro, solo podía ir a hacerme los chequeos básicos en la clínica, y si iba a otra parte, tenía que pagar por todo,” recordó España, quien vive desde hace 14 años en Long Island y trabaja limpiando casas en los Hamptons, además de hacer turnos en la tienda de ropa Burlington, para sostener a sus cinco hijas.

En aquella época España asistía a clases de inglés gratuitas ofrecidas por el Centro Corazón de María en Hampton Bays, un ministerio fundado hace más de 20 años por dos monjas católicas que opera varios programas en el complejo de la Iglesia Santa Rosalía.

Un día, llegó a las clases una mujer a dar una presentación sobre el cáncer de mama y el cáncer de colon. España, fascinada, se puso a escucharla. Era la primera vez que tenía acceso directo a alguien que le hablaba de un tema de salud tan serio en su propio idioma. A medida que la charla avanzaba y la presentadora explicaba de qué se trataban esas enfermedades, cómo prevenirlas y a qué síntomas estar atento, España dijo que le empezó a latir el corazón.

“Apenas acabó la presentación, yo levanté la mano,” dijo España. “Muchas de las cosas de las que ella estaba hablando me estaban pasando a mí.”

“Le dije que llevaba tiempo tratando de hacerme un chequeo sin éxito, y le expliqué lo que estaba sintiendo,” explicó España, quien dijo que la mujer le respondió “Yo te hago la cita. Solo necesito tu nombre, tu número de teléfono y tu dirección.”

“Gratis?,” dijo España que le preguntó. “Gratis,” le confirmó la mujer.

La mujer que aquella tarde se presentó en sus clases de inglés pertenece al Programa de Servicios contra el Cáncer del Condado de Suffolk, una iniciativa financiada por el Departamento de Salud del Estado de Nueva York y por la organización sin fines de lucro Pink Aid, con sede en el hospital Northwell Peconic Bay Medical Center, en Riverhead. El programa ofrece detección gratuita de cáncer de mama, cervical y colorrectal a quienes no tienen seguro médico o tienen una cobertura que no les alcanza.

Dos días después de esa conversación, España recibió una carta con la fecha confirmada para una mamografía. No lo podía creer.  El examen no mostró nada alarmante al principio. Pero a la semana la llamaron para decirle que necesitaba una biopsia.

“Yo no sabía qué era eso,” dijo.

Una vez se la hicieron, el resultado llegó por teléfono a las pocas horas. Tenía cáncer.

“Para mí eso fue como si me hubieran echado un guacalazo de agua fría,” recordó España. “Lloraba tanto que no podía hablar, mi hija tuvo que quitarme el teléfono de la mano.”

En mayo de ese mismo año la operaron. El cáncer, hormono-dependiente y en etapa dos, había crecido alimentándose de las hormonas que el propio cuerpo de España producía. Después de la cirugía vino la quimioterapia y después la radioterapia, un proceso largo y agotador física y emocionalmente, dijo.

Hoy, España está libre de cáncer.

“Yo pensaría que si no hubiera ido ese día a clases de inglés, estaría hoy al borde de la muerte,” dijo. “Gracias a Dios y a esa mujer que vino a dar la charla, no fue así.”

Lo que la presentadora hizo esa tarde, ir al lugar donde la comunidad ya estaba, ganarse su confianza y darle seguimiento personal a quien levantó la mano, es exactamente lo que el programa lleva casi dos décadas perfeccionando. Y en los últimos tiempos, lo que ha tenido que cambiar de manera más profunda.

Programa de Servicios contra el Cáncer y equipo de detección del cáncer colorrectal en la iglesia New Jerusalen en Riverhead en 2025. Foto de archivo cortesía PBMC

Desde su inicio hace más de 20 años, el Programa de Servicios contra el Cáncer ha operado con la estrategia clásica de las instituciones que buscan divulgar sus programas a la comunidad. Acudir a eventos públicos, poner mesas en ferias locales o distribuir volantes. De vez en cuando, gracias a su amplia red de contactos, también los invitaban a dar charlas en distintas organizaciones. Hasta 2023, esta estrategia más tradicional había funcionado relativamente bien, explicó Maureen O’Connor, directora del programa.

Todo cambió al año siguiente.

Con la elección del presidente Donald Trump, salir a cualquier lugar público se convirtió en un riesgo para muchas de las personas a las que el programa sirve. En especial, la comunidad latina, documentada o no, debido al clima de miedo e incertidumbre palpable, dejó de asistir a eventos y evitaba salir si no era necesario.

Según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), el cáncer es la principal causa de muerte entre la población hispana y latina en los Estados Unidos. En comparación con personas de otras razas y etnias, los latinos presentan tasas más altas de incidencia y de mortalidad en ciertos tipos de cáncer.

Las mujeres latinas, por ejemplo, tienen una tasa elevada de incidencia de cáncer de cuello uterino, según la CDC. Asimismo, ocupan el segundo lugar en la tasa de mortalidad por este tipo de cáncer, solo por detrás de las mujeres negras no hispanas.

Ante la situación, el Programa de Servicios contra el Cáncer tuvo que reinventarse.

El primer paso fue hablar con sus aliados. Donde fueran, iglesias, organizaciones comunitarias, clínicas locales, etc, el mensaje era el mismo: la confianza es clave.

Blanca Bishop, asesora de defensa del paciente y de beneficios en la East Hampton Healthcare Foundation, una de las organizaciones aliadas con las que  el Programa de Cáncer colabora regularmente, explicó que este cambio de estrategia fue fundamental.

“La comunidad va donde alguien de confianza les recomienda,” dijo . “Tienen miedo a encontrarse a inmigración en alguna parte, y es un miedo real, por eso es tan importante crear esa relación con ellos. Saben que si vienen aquí, y nosotros estamos trabajando con un aliado, es porque estarán seguros con ellos.”

Desde entonces, cuando el Programa de Servicios contra el Cáncer organiza sus jornadas de detección, no lo anuncian públicamente, ni tampoco ponen letreros, o mesas afuera de los eventos.  Las personas llegan de una en una, con cita previa, a un lugar que ya conocen y donde confían. Una enfermera realiza el examen de mama. Quienes necesitan la prueba de detección colorrectal se llevan a casa un pequeño kit que pueden completar en privado y enviar por correo al laboratorio.

“No hay letreros, no hay volantes,” dijo Maureen O’Connor, directora del programa. “La gente hace sus citas, llega al lugar donde se sienten cómodos. Todo dentro de un espacio que ya conocen.”

Poco a poco, en tan solo un año, al cambiar la estrategia, el número de personas examinadas empezó a incrementarse.

Según datos internos revisados por Tu Prensa Local, el programa realizó 4,084 exámenes de detección en el año contractual 2022-23. Al año siguiente fueron 4,684. Y en 2024-25 llegaron a 6,020, el mayor volumen en la historia del programa, casi un 50 por ciento más que en los dos años anteriores.

La comunidad Latina representa entre el 89% y el 91% del total en cada uno de los tres años. En 2024-25, de 6,020 pruebas de detección, 5,468 correspondieron a pacientes latinos.

En ese mismo período, el programa detectó 16 cánceres de mama y 12 colorectales en 2022-23, 21 de mama y 7 colorectales en 2023-24, y en 2024-25 encontró 27 de mama, 4 cervicales (cuello uterino) y 2 colorectales.

“Son cánceres encontrados en personas que, sin el programa, probablemente no se hubieran hecho ningún examen,” dijo O’Connor.

“Cualquier persona con quien hablamos puede ser un cáncer que estamos detectando temprano,” afirmó.

Pablo Álvarez, especialista en relaciones comunitarias del Programa de Servicios contra el Cáncer, dijo que el programa cuenta con personal mayoritariamente bilingüe y que los pacientes hispanoparlantes hablan directamente con alguien en español.

Sin embargo, las barreras que enfrenta la comunidad van más allá del idioma. Desde proveedores que no entienden el contexto cultural, pasando por el costo, el miedo de las personas en situaciones migratorias vulnerables, hasta la imposibilidad de faltar un día de trabajo para asistir a una cita preventiva por temor a ser despedidas. Todo eso, dijo Álvarez, son temas que se mitigan al colaborar con los aliados del programa en la realización de eventos coordinados en horarios y lugares que la comunidad ya conoce y que son accesibles y seguros.

El Programa, además, cumple otra función crucial.

Cuando una detección resulta anormal, el programa cubre el costo de los estudios adicionales, refiere al paciente a un especialista y le asigna a un “navegador de pacientes” que guía y acompaña a esa persona durante el proceso, en su propio idioma. Si se detecta cáncer, el programa ayuda a buscar seguro médico o a encontrar otra vía hacia el tratamiento.

“Estamos con ellos hasta lo último,” dijo Daisy Ruiz, navegadora de pacientes del Programa, criada en Puerto Rico.

“El único requisito real para acceder al Programa es no tener seguro médico o tenerlo con un copago que no alcanza,” señaló Ruiz.

Así fue con España. Ruiz la acompañó por teléfono en cada paso — explicándole cada procedimiento, haciéndole las citas, respondiendo cuando España le escribía sin saber qué hacer.

“Ella me decía, no te preocupes, te vamos a ayudar, estás en el programa,” recordó España.
Cuando tenía citas en lugares donde no se hablaba español, Ruiz conectaba a España con la organización local OLA of Eastern Long Island, que le enviaba a alguien para que la acompañara a su cita médica y le hiciera compañía en la sala de espera.

Este modelo, sin embargo, tiene sus límites.

El equipo del Programa de Servicios contra el Cáncer está compuesto por ocho personas para todo el condado de Suffolk, y aunque la mayoría es bilingüe, la región tiene una población de un millón y medio de personas, casi 380,000 de ellas latinas según datos de la Oficina del Censo. El nuevo enfoque discreto funciona mientras las organizaciones aliadas sigan abiertas y dispuestas — una red que el programa no controla. Y una prueba de detección colorrectal positiva en casa no resuelve lo que viene después. Una colonoscopia sigue requiriendo un día libre, preparación previa y que alguien lleve al paciente de vuelta a casa.

“Las barreras se vuelven un poco más complicadas en ese punto,” admitió O’Connor.

Tampoco hay datos precisos sobre lo que ocurre después del diagnóstico. O’Connor reconoció que no cuenta con cifras específicas de mortalidad para pacientes hispanos en el condado, y los registros revisados para este artículo solo registran detecciones y diagnósticos, no resultados a largo plazo.

Otro límite importante es que generar confianza lleva tiempo.

Las relaciones que permitieron al programa trasladar sus jornadas a espacios cerrados, sin letreros ni publicidad, reconstruyendo todo en torno a referencias privadas, no se construyeron de la noche a la mañana. Son el resultado de casi 20 años de presencia continua con las mismas organizaciones, los mismos grupos religiosos, las mismas familias que regresan año tras año.

España lo tenía claro esa tarde en Hampton Bays, cuando una desconocida le pidió su nombre, su teléfono y su dirección durante la clase de inglés.

“En un principio, claro, no era de confiar así no más,” dijo. “Luego, ya ella empezó a contar de dónde venía y todo eso, y los de la clase de inglés me animaron, y ya todo fue diferente, gracias a Dios.”


Este reportaje fue producido en el marco del fellowship “Cerrando brechas en salud” del Solutions Journalism Network, una red internacional que promueve el periodismo de soluciones como herramienta para documentar respuestas efectivas a los problemas sociales.

Maria del Mar Piedrabuena

María del Mar es editora y periodista multimedia de Tu Prensa Local. Ha trabajado en reconocidos medios locales y nacionales y es ganadora de varios premios por su trabajo periodístico, incluido un primer premio por mejor columna otorgado por la Asociación de Prensa de Nueva York. Envíale un correo a maria@tuprensalocal.com

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