Miembros de la comunidad latina del condado de Suffolk, muchos de ellos radicados en Bay Shore y sus alrededores, están uniendo esfuerzos para cubrir los gastos fúnebres de Julio Dávila, un trabajador de origen colombiano, a quien el cáncer le arrebató la vida, este domingo.
Tras batallar durante cuatro meses contra el cáncer de páncreas, Julio partió del plano terrenal, pero en él se han quedado su esposa Lorena, sus hijos, su nieta, sus hijastros y todos sus amigos, sumidos en un profundo dolor.
“Julio era de esas personas que iluminaban sin esfuerzo. Siempre tenía una sonrisa en el rostro, de esas que no solo se ven, se sienten… y que contagiaban a todo el que estuviera cerca. Su alegría no era superficial, venía de un corazón noble, generoso y profundamente humano”, dice Miros Salazar, amiga de la familia.
Julio, de 53 años, originario de Palmira, Valle, en Colombia, había llegado hace 3 años a los Estados Unidos, donde se desempeñaba como soldador, un campo en el que según sus allegados, hacía trabajos de gran valor estético. Era un inmigrante responsable, lleno de sueños y aspiraciones. La última etapa de su vida la dedicó a hacer feliz a Lorena, quien fue su amor de adolescencia en su tierra natal y con quien había decidido darse una segunda oportunidad. Juntos estaban construyendo un “amor bonito”, como ellos lo llamaban, con la ilusión de envejecer juntos o apoyarse hasta su último suspiro, como evidentemente ocurrió.
“Con Lore fue un hombre amoroso, presente y sanador. Él siempre le decía que había llegado a su vida para hacerla feliz, para aliviar tantas lágrimas… y lo hizo, con cada gesto, con cada palabra, con cada día compartido. Con sus hijos fue más que un padre: fue guía, compañero y ejemplo. Vivía cada etapa de ellos como propia, con entrega total”, dice Miros.
El domingo en la tarde, la muerte le puso punto final a la historia de amor. A la historia del esposo ejemplar, a la historia del padre, del abuelo, del padrastro, del amigo. Por eso hoy muchos se movilizan para apoyar a sus seres queridos en estos momentos de confusión y duelo. Aseguran que es algo que Julio se ganó en vida, con sus buenas acciones.
“Era un hombre sabio, de esos que sabían escuchar y dar consejos certeros, de los que se quedan contigo. Amigo fiel, firme en sus valores, de los que no fallan. Trabajador incansable, siempre dando más de sí para que a su familia no le faltara nada, pero sobre todo, para que nunca les faltara amor”.
Durante los meses de enfermedad Lorena tuvo que dejar de trabajar para atender a su esposo. El último mes prácticamente vivió con él en el hospital. Por eso la situación financiera de la familia se hizo cada vez más complicada. Ahora, los amigos han puesto en marcha una campaña de recolección de fondos, que busca no solamente darle una despedida digna al amigo, sino también apoyar financieramente a sus seres queridos en estos momentos. Si usted quiere contribuir con esta causa, haga click aquí. Cualquier donativo por pequeño que parezca, será de inmenso valor para ellos.
“Julio deja una huella profunda, de esas que no se borran. Y hoy, desde mi lugar, solo soy un puente para que quienes sientan su historia puedan acompañar y sostener a la familia que tanto amó”, dijo Miros.
“Solo me queda darle las gracias, porque el siempre me decía, yo voy hacer de todo para hacerla feliz. Y lo logró”, añadió Lorena Vasquez, esposa de Julio, ahogada en llanto.
