Dandi Ulises Camajá Alonzo, es un joven inmigrante de origen guatemalteco, de 23 años, que llegó a los Estados Unidos a los 18, con una maleta llena de ilusiones. No solamente lo alentaba la idea de reunirse con su madre, quien estaba radicada en Calverton, sino también el sueño de trabajar y labrarse un futuro para él y los suyos.
“Yo soñaba con trabajar, hacer mis cosas para sacar adelante a mi familia, porque toda mi familia está en Guatemala: Mi papá y mis abuelos”, cuenta Dandi Ulises.
El año pasado una extraña afección empezó a inquietar a Ulises y a su familia, luego de que un dedo del pie se tornara completamente morado y una molestia constante lo obligara a faltar varias veces a su trabajo como pintor. Tras ignorar por meses el asunto, pensando que se trataba de algo pasajero, en noviembre, el dolor se hizo tan insoportable, que Ulises le pidió a los dueños de la casa donde él y su familia alquilan un cuarto, que lo llevaran de inmediato al hospital.
“Decidió ir al hospital Stony Brook y allá fue que le dijeron los doctores que estaban malo de los riñones”, dice Rosa Magaly Alonzo, madre de Ulises. “Supuestamente dijeron los doctores que él trae eso de nacimiento. Dijeron que los riñones a él nunca le crecieron”.
Con el diagnóstico, el mundo se le vino encima a esta familia de Calverton. Sin seguro médico y sin la posibilidad de acceder a uno, el tratamiento de Ulises para contrarrestar sus quebrantos de salud, cada vez más severos, se ha tornado inalcanzable.
Ha estado internado varias veces en el hospital, pero los médicos poco o nada han podido hacer por él. Todos los especialistas aseguran que la única salida que le queda es un trasplante de riñón.
“Los doctores lo único que me han dicho es que para poder estar bien, necesito un trasplante”, dice Dandi Ulises. “La verdad es que hay momentos en que los riñones me duelen mucho y me siento muy triste. Las esperanzas como que se me caen”.
A pesar de la urgencia y de la gravedad de su condición, este joven no ha sido puesto en una lista de espera para recibir un trasplante de riñón. A la familia le han dicho que sin seguro médico y sin un número de seguro social no pueden incluirlo en esa codiciada lista, que le permitiría al menos tener una esperanza, mientras aparece un donante.
“Nosotros no tenemos seguro, no tenemos nada”, dice la madre de Ulises.
Según Ingrid Castrillón, la dueña de la casa donde vive la familia de Ulises, todos han tocado muchas puertas pidiendo ayuda para él. Después de mucho insistir, Ulises fue vinculado a un programa de ayuda financiera del Hospital Stony Brook, que le ha permitido tener acceso a su tratamiento de diálisis día de por medio. Pero para el resto de gastos se las han tenido que arreglar solos, en medio de verdaderas adversidades.
“Cada que va al doctor son 200 o 300 dólares por la consulta”, dice la señora Castrillón. “Le dieron la diálisis por un año y qué va a pasar cuando termine el año?”
En medio de la angustia y de los padecimientos de Ulises, esta familia hace un llamado a la comunidad para que les colaboren con donativos económicos que les permitan solventar los gastos de medicinas y citas médicas. También hacen un llamado a las organizaciones locales para que les ayuden a encontrar una salida al limbo en el que se encuentran y poder vislumbrar una luz de esperanza.
“El tiene 23 años y el mundo se le viene encima.”, dice la señora Castrillón. “El apenas está empezando a vivir y tiene todos sus sueños truncados. Yo le quisiera decir a la comunidad que tan solo un granito de arena sería de mucha ayuda, o que si alguien sabe de alguna ayuda financiera, o donde podemos buscar más ayuda para que lo pongan en la lista de espera, que nos digan, porque la verdad no sabemos ni por dónde continuar ”.
Si usted quiere brindarle ayuda a Ulises y su familia en estos momentos de tanta confusión y angustia, puede comunicarse con el 631 739 4209, para coordinar un aporte económico o hacerlo directamente a ese mismo número utilizando la aplicación Zelle.
Vamos, entre todos, a devolverle la ilusión de vida a este joven guatemalteco.