A medida que el 2025 se acerca a su fin, las familias del East End se reúnen en rituales de buena voluntad y celebración, alrededor de mesas preparadas con la esperanza del nuevo año que se avecina. Sin embargo, para muchas familias locales, este momento de unión llega bajo una sombra mucho más pesada. El año pasado estuvo marcado por la incertidumbre, el miedo y la pérdida, atenuados únicamente por una creciente determinación de permanecer unidos.
Lo que estos últimos 12 meses han revelado para nuestra comunidad no es una serie de casos aislados en los que agentes federales han detenido a personas específicas, sino una estrategia coordinada de persecución de parte del gobierno federal que ha transformado repetidamente y profundamente la vida cotidiana de la comunidad Latina. Esta realidad se refleja en un estudio reciente del centro de investigaciones Pew Research Center.
Los datos confirman que el sentimiento predominante entre los latinos en Estados Unidos es de creciente insatisfacción y pesimismo, casi un año después del segundo mandato del presidente Donald Trump. Más de cinco mil personas encuestadas por Pew expresaron preocupación por la economía y la política migratoria, así como un creciente temor a las deportaciones, la discriminación y la violencia. Casi nueve de cada diez personas afirman que su vida cotidiana se ha vuelto más difícil, según el estudio.
En el East End, esta estadística se traduce en calles vacías, negocios paralizados y familias que viven en constante temor.
A lo largo de 2025, se han reportado múltiples operativos y arrestos en Riverhead, Flanders, Hampton Bays, Westhampton, Greenport, East Hampton y otras localidades de Long Island. La desaparición repentina de familiares y los operativos llevados a cabo en espacios cotidianos —panaderías, estacionamientos, delis, automóviles, paradas de autobús— han sembrado el pánico entre los trabajadores y sus familias, quienes, en la mayoría de los casos, son miembros esenciales de la comunidad, contribuyendo y criando a sus familias en sus localidades durante décadas.

Agentes del Departamento de Seguridad Nacional, reunidos en el parqueadero de 7-Eleven de Westhampton tras un operativo el miércoles 5 de noviembre de 2025.
Y en los últimos seis meses, la preocupación no ha hecho más que empeorar a medida que las tácticas de control se han vuelto más visibles e impredecibles. Agentes federales enmascarados, armados y con chalecos tácticos de ICE, ERO y otras agencias han estado utilizando parqueaderos en estaciones de bomberos locales, comisarías de la Policía Estatal de Nueva York, comisarías del Condado de Suffolk, Home Depots y otros lugares públicos y comerciales como bases de operaciones improvisadas, lo que ha intensificado la confusión y la desconfianza en la comunidad.
Portavoces de estaciones de bomberos, departamentos de policía locales y de la policía estatal han negado reiteradamente su participación o asistencia en cualquier operación de ICE, pero defensores y miembros de la comunidad local han cuestionado por qué y cómo es posible que se utilicen sus estacionamientos para este tipo de operaciones, y qué mensaje transmite ese uso a la comunidad.
Si bien el presidente Trump afirma que está deportando a “lo peor de lo peor“, los datos reales indican que ICE detiene principalmente a personas sin antecedentes penales, ni siquiera con un cargo pendiente, según el Centro de Acceso a Registros Transaccionales (TRAC), un centro de investigación no partidista de la Universidad de Syracuse que brinda acceso público a información detallada sobre la aplicación de la ley, el gasto y las actividades del gobierno federal.
A 26 de septiembre, aproximadamente el 71.5% de las personas detenidas por ICE no tenían antecedentes penales, según TRAC.

Unas 275 personas se congregaron anoche en las afueras de la Iglesia San Juan Evangelista, para unir sus voces y caminar en señal de protesta por las acciones de ICE en nuestra región. Foto: Denise Civiletti.
Ante esta amenaza constante, en los últimos meses ha surgido una voz colectiva: personas que han dicho, sin lugar a dudas, que ya es suficiente. Protestas comunitarias, manifestaciones y eventos de todo tipo se han producido en toda la región, lo que marca un punto de inflexión. Y este descontento en la comunidad no se ha limitado a las calles.
Organizaciones locales, defensores y miembros de la comunidad de todas las razas y orígenes han lanzado redes de respuesta rápida, establecido grupos de WhatsApp y Signal como medidas preventivas y de alerta, lanzado rastreadores de ICE, realizado decenas de talleres para informar a la comunidad sobre sus derechos humanos y civiles, documentado actividades de las fuerzas de seguridad federales, realizado protestas improvisadas y programadas, y organizado acciones en respuesta a la falta de transparencia en las acciones de las fuerzas de seguridad.
“Nadie debería temer ser sacado de su casa o vecindario por individuos armados con máscaras que se niegan a identificarse, ni tener la incertidumbre de si quienes lo detienen actúan bajo la autoridad legal”, declaró Anita Boyer, organizadora de varias protestas en el East End, en una entrevista reciente con Tu Prensa Local durante una manifestación en Hampton Bays.
Vecinos, organizaciones y líderes comunitarios han apelado directamente a las juntas municipales, exigiendo explicaciones, transparencia y protección para los vecinos inmigrantes.
El municipio de East Hampton emitió un comunicado oficial condenando las acciones de los agentes federales enmascarados, calificando los arrestos como una fuente de “profundo temor e incertidumbre” y denunciando políticas “inhumanas” que socavan la dignidad humana y el debido proceso.
La preocupación también se ha extendido a las escuelas, lo que ha llevado a varios distritos a emitir declaraciones al respecto. El Distrito Escolar de Riverhead fue uno de los primeros del East End en enviar una carta a principios de este año reafirmando que las escuelas deben seguir siendo espacios seguros y confiables para todos los estudiantes y que cualquier acción de control migratorio en las instalaciones escolares solo puede llevarse a cabo con la documentación legal correspondiente, de acuerdo con la ley del Estado de Nueva York.
Para los inmigrantes, tanto los del pasado (italianos, irlandeses, polacos) como los del presente (guatemaltecos, mexicanos, ucranianos), llegar a nuestra región fue, en muchos casos, un último recurso, impulsado por la ausencia de alternativas viables en sus países de origen. Las generaciones anteriores huían de la pobreza, el hambre o la represión política, mientras que los recién llegados escapan de la violencia, la guerra, el colapso económico o las consecuencias del cambio climático. Sea lo que sea, el denominador común ha sido el deseo de vivir una vida mejor.
Actualmente existen muy pocas vías para obtener o mantener un estatus legal en este país, incluso cuando un inmigrante lo intenta una y otra vez. La última reforma significativa a nivel de leyes migratorias se produjo a mediados de la década de los 80, y desde entonces, varios presidentes y el Congreso han intentado reformar el sistema.
Esto hace que los inmigrantes sean vulnerables a la explotación, incluyendo estafas y esquemas fraudulentos que prometen documentos o estatus legal, un patrón tan antiguo como la migración misma. Ignorar esta realidad, o sugerir que las personas eligen voluntariamente el miedo, la inestabilidad o el fraude, es no comprender cómo se forman las comunidades.

Melrose Deli, un negocio que existe en Hampton Bays desde hace 20 años ha visto sus ventas caer hasta en un 80% este 2025. Foto: María del Mar Piedrabuena
Este clima de persecución tiene consecuencias profundas y cuantificables. Los negocios han visto caer sus ventas hasta en un 80%, según los propietarios de comercios locales. Profesionales y defensores de la comunidad informan de un aumento en el número de padres que solicitan cartas de custodia y poderes notariales por temor a ser detenidos. Al mismo tiempo, las despensas de alimentos comunitarias y centros sociales atienden a menos familias inmigrantes, no porque la necesidad haya disminuido, sino porque el miedo las mantiene confinadas en sus hogares.
Este miedo se ve reforzado por casos como el revelado recientemente por Newsday, en el que un juez federal describió el trato que recibió un inmigrante detenido en Central Islip por agentes del ICE como “inhumano e ilegal”, después de haber sido retenido varios días en condiciones degradantes dentro de un tribunal federal. Estos hechos confirman que el miedo no es una exageración: es una respuesta lógica a una realidad cada vez más visible.
El clima de ansiedad e incertidumbre se extiende mucho más allá de los hogares. La comunidad latina es un pilar del East End; sostiene la agricultura, la construcción, los restaurantes, las oficinas, la atención médica y mucho más. Cuando un grupo entero se ve obligado a vivir bajo constante amenaza, la confianza se erosiona y todos sienten las consecuencias. Los negocios tienen dificultades para encontrar trabajadores, las comunidades se dividen aún más, los niños nacidos aquí o no, quedan desamparados o traumatizados después de las operaciones de control migratorio, y toda la economía local se resiente.

Protesta pro-inmigrante en contra de los operativos de ICE en el East End frente al departamento de bomberos de Westhampton el viernes 14 de noviembre de 2025. Foto: Juliana Holguin/ Tu Prensa Local
Sin embargo, incluso en medio del miedo y la incertidumbre que han caracterizado este último año, algo más profundo también se ha arraigado en el East End.
Se manifiesta en el vecino atento, en el dueño de la tienda que coloca un cartel de apoyo en su puerta, o que organiza una entrega de regalos o comida, en el mensaje enviado para advertir a otros que tengan cuidado, en acompañar a los que están más vulnerables a hacer trámites y mucho más. Estos gestos no borran el daño ni pretenden que el peligro haya pasado, pero si revelan una verdad más profunda. Las comunidades perduran no por la fuerza ni por el miedo, sino por el cuidado mutuo.
Al finalizar otro año, la pregunta que queda no es solo cuánto se ha visto afectada nuestra comunidad hasta ahora, sino, lo que es más importante, qué tipo de lugar elige ser el East End y a quién elige proteger. Las decisiones que tomen los líderes locales, las fuerzas del orden y los residentes tendrán efectos duraderos en los años venideros.
¿Apoyaremos a la comunidad inmigrante con compasión y humanidad, o seremos indiferentes, e incluso, en algunos casos, celebraremos su sufrimiento? La decisión está en nuestras manos.
Desde Tu Prensa Local, reafirmamos nuestro compromiso de informar, documentar y acompañar a nuestra gente. Porque la dignidad no se negocia. Porque nadie debería vivir con miedo. Y porque la comunidad latina no solo es parte fundamental del East End, sino que también lo enriquece, lo fortalece y lo sostiene día a día.
