La detención de un joven trabajador inmigrante a principios de esta semana en Hampton Bays dejó a su familia sumida en la incertidumbre y el temor, una experiencia que, según una familiar cercana, se ha vuelto cada vez más común durante los operativos federales de inmigración en Long Island.
El arresto ocurrió la mañana del martes, alrededor de las 7:45 de la mañana, en inmediaciones del cine de Hampton Bays, durante un operativo del Departamento de Seguridad Nacional que se extendió por varias horas y abarcó esa localidad, Westhampton, Moriches, Riverhead y zonas cercanas. Se sabe que al menos cuatro personas fueron detenidas entre Hampton Bays y Riverhead, de acuerdo con vídeos, testimonios y familiares entrevistados por Tu Prensa Local.
El joven, identificado como J.F., de origen mexicano y residente de Flanders, se dirigía a su trabajo en jardinería cuando fue arrestado. Acababa de bajar del autobús que para frente al complejo de cines de Hampton Bays y caminaba hacia un deli cercano para comprar café mientras esperaba a la persona que lo llevaría a su lugar de trabajo, relató su tía, quien habló con él esa misma tarde.
Según contó la tía, el joven logró comunicarse desde su propio teléfono celular mientras era procesado en un centro de detención. Durante esa llamada, no pudo explicar con claridad los motivos de su arresto ni a dónde sería trasladado posteriormente.
“Él me contó que cuando se estaba acercando al deli de repente se le atravesaron dos carros, uno adelante y otro atrás,” relató su tía. “Ya no tuvo oportunidad de correr ni de hacer nada.”
El arresto fue presenciado por varias personas que se encontraban en la zona.
Al día siguiente volvió a llamar, esta vez ya no desde su celular, si no desde un teléfono proveído por el centro de detención a donde lo habían trasladado, dijo su tía, quien no sabe exactamente dónde se encuentra. Lo único que J.F. pudo decirle es que se encontraba detenido en el condado de Nassau.
“No nos supo explicar exactamente dónde, ni qué va a pasar ahora”, explicó. “Él dice que no le dijeron por qué lo arrestaron, que no le explicaron nada. Solo se lo llevaron,” cuenta su tía. “La incertidumbre pesa tanto como el encierro,” dijo.
Una búsqueda en el localizador de ICE confirma el arresto de J.F. pero no dice en qué centro está detenido ni el motivo. Tu Prensa Local contactó a ICE, pero hasta la fecha no han respondido.
La noticia tomó por sorpresa a M., la tía del joven, quien pidió que su nombre y el de su sobrino no fueran revelados para proteger sus identidades. En una entrevista, describió una sensación inmediata de impotencia tras enterarse de la detención.
“Es algo que te paraliza,” dijo. “No estás preparada para esto.”
Para ella, el impacto no fue solo la ausencia repentina de su sobrino, sino la incertidumbre que abarca a la familia cuando un ser querido desaparece de un momento a otro bajo custodia federal, sin información clara ni respuestas inmediatas.
“Me siento mal y triste, porque no podemos hacer nada para ayudar, por más que lo intentamos,” dijo M. “Con todo esto de inmigración, uno se siente fatal y lo tratan como criminal y ya.”
La confusión generada tras la detención afectó directamente a su familia, dijo M., ya que su nombre fue publicado en redes sociales. Su hija, familiares y amigos, quienes vieron la publicación, creyeron que M. había sido arrestada y la empezaron a llamar y buscar alarmados.
“Mi hija salió de la escuela angustiada y llorando,” dijo M. “Llegó y me preguntó si inmigración me había detenido”, relató M, quien le aclaró de inmediato que no era así. El episodio dejó a su hija profundamente alterada y reforzó el clima de temor que la familia experimenta desde entonces, dijo M.
“No había más opciones”
J.F. llegó a Estados Unidos hace casi nueve años, dijo su tía. Su historia, dijo M., está marcada por el abandono y la responsabilidad asumida desde muy joven.
“Su papá los dejó, luego su mamá hizo su vida aparte. Él se sentía solo, pero también sentía la obligación de ayudar a sus hermanos y ser cabeza de hogar”, explicó su tía.
Cuando emigró, sus hermanos eran niños. Desde Estados Unidos les enviaba dinero para que estudiaran.
“Tal vez les faltó orientación, alguien que los guiara, pero él hizo lo que pudo desde lejos”, dijo M. “No había más opciones, era migrar o pasar hambre.”
Hace aproximadamente cinco años, el joven de entonces 23 años, tuvo un problema menor tras una pelea ocurrida en una fiesta, dijo su tía. Fue arrestado y liberado tras pagar una multa. Desde entonces, llevaba un proceso en corte que, según su tía, estaba próximo a cerrarse en febrero del próximo año.
“Tal vez por eso lo estaban buscando”, reflexiona su tía. “Eso es lo que nos dijo la abogada, que tal vez no haya solución.”
El impacto emocional en la familia ha sido profundo. M. habla no solo del dolor por su sobrino, sino del miedo constante que ahora domina su vida cotidiana.
“Ya no se puede salir tranquilo, ni para ir a comprar comida,” dijo. “Ves un carro extraño y ya piensas lo peor,” dijo.
Aunque ella cuenta con un estatus legal, asegura que eso no le da tranquilidad. “Aunque tengas papeles, te sientes vulnerable. Te sientes perseguido. Como si inmigración anduviera cazando gente,” afirma.
Para ella, existe un trato desigual hacia la comunidad latina.
“A un latino una falla pequeña lo convierte en un gran delito. Te hacen la vida imposible. Mientras tanto, otros cometen cosas peores y salen libres. Eso es racismo, ” dijo.
M. reconoce que su sobrino cometió errores, pero insiste en que estaba tratando de enderezar su camino y que era una persona íntegra y trabajadora.
“Él era muy trabajador, no andaba haciendo daño a nadie. Solo quería salir adelante”, dijo.
En una de las llamadas esta semana, él mismo se disculpó con ella. “Me dijo: ‘Tía, lo siento, te fallé’. Eso te rompe el corazón”.
A fecha de la publicación de este artículo, el joven continúa detenido mientras la familia busca opciones legales.
“Hay muchas familias viviendo lo mismo. Gente trabajadora, con miedo, que siente que no vale nada ante el sistema,” afirma.
Con tristeza y resignación, resume lo que para ella se ha convertido en la nueva realidad de muchas familias inmigrantes.
“Ya no es solo el dolor de que se lleven a un familiar. Es vivir con miedo todos los días, sintiéndote criminal, sin haber hecho nada,” dijo.
