En un modesto apartamento de Riverhead, Carmen R., de 37 años, despierta a las 5 de la madrugada. Prepara el desayuno para sus tres hijos, deja lista la cena en la olla y luego maneja una hora para llegar a su primer trabajo limpiando casas en los Hamptons. Al anochecer, tras seis horas de trabajo físico duro, se dirige a su segundo empleo en un restaurante en Southampton. Llega a casa poco antes de la medianoche, revisa las tareas escolares de sus hijos y duerme apenas cinco horas antes de repetir el ciclo.
Su historia, lejos de ser excepcional, refleja la realidad cotidiana de millones de madres latinas en Estados Unidos, cuyas vidas desafían estadísticas y expectativas con una resiliencia que rara vez recibe reconocimiento adecuado en el discurso público.
“No hacemos nada extraordinario,” dijo Carmen con una sonrisa cansada pero genuina. “Hacemos lo que debe hacerse por nuestros hijos.”
Sin embargo, esta no es la historia completa, ya que para la mayoría de madres, al trabajo “oficial” se le suman las horas de labores del hogar no remuneradas, que muchas veces se vuelven en un segundo, o tercer trabajo. Desde ir a comprar la comida de la semana, pasando por revisar las tareas del colegio, lavar la ropa o preocuparse por las citas médicas de los niños, los quehaceres son infinitos, y en los hogares Latinos, la mayoría de veces, es la mujer quien lleva esta carga mental y física.
“Así es como nos han enseñado,” cuenta Carmen. “Las mujeres somos las que hacemos las tareas del hogar, así mi mamá me enseñó, y así es como lo hacemos. Si es justo o no es justo, eso ya no lo sé.”
Para Yesenia V., residente de Center Moriches, trabajadora de un vivero de plantas y madre un niño de 6 años y una niña de 3, la situación se complica más, ya que como madre soltera sobreviviente de violencia doméstica, las responsabilidades se duplican, y la inestabilidad es más grande.
“Mi niño ya entró a la escuela y me queda más fácil, pero tengo a veces mucho problema con mi niña que está con una babysitter (niñera) y cuando ella no puede cuidarla o la niña se enferma, tengo que faltar al trabajo,” dijo Yesenia. “Ya varias veces me han llamado la atención, y la verdad que tengo mucho temor de perder mi trabajo.”
Según un análisis del 2023 del Centro para el Progreso Americano, un 25% de las madres Latinas son madres solteras, y en promedio, ganan mucho menos dinero al año ($34,000) que las madres solteras blancas ($50,000) o negras ($38,000), y mucho menos que las madres casadas ($60,000). Además, según los datos del estudio, las madres solteras pueden verse más agobiadas por las interrupciones en el cuidado infantil al no tener apoyo. Por ejemplo, el cierre de escuelas y guarderías durante la pandemia de COVID-19 perjudicó especialmente el empleo de las madres solteras: en noviembre de 2020, una de cada cinco madres solteras que sufrieron interrupciones en el cuidado infantil informó haber dejado de trabajar, una tasa dos veces mayor que la de otros padres, según el informe.
En pocas palabras, las madres Latinas que son cabeza de hogar, enfrentan toda la responsabilidad de criar sus hijos solas, con menos dinero y con mas estrés, con todo lo que eso conlleva.
A pesar de las adversidades, la resiliencia y fortaleza de las familias Latinas es innegable. Según un informe del Centro Nacional de Investigación sobre Niños y Familias Hispanas, las familias Latinas—uno de los grupos étnicos más grandes y demográficamente diversos de los Estados Unidos— “tienen múltiples fortalezas a las que pueden recurrir para ser resilientes frente a las dificultades y protegerse contra los efectos negativos de la adversidad en su bienestar,” en parte como resultado de esa diversidad que las caracteriza.
Desde características típicas de nuestras familias como el optimismo, o el bilingüismo, pasando por el tipo de estructura familiar que comprende aspectos como la cohesión familiar, los hogares intergeneracionales o el apoyo de la comunidad, entre otros factores, hace que aumente la probabilidad de que el entorno sea más enriquecedor para nuestros hijos, según el Centro Nacional de Investigación sobre Niños y Familias Hispanas.
Entre tanto, sea lo que sea, los Latinos sabemos que esa magia que nos une comienza gracias al amor y sacrificio de nuestras madres, que continuarán haciendo lo que siempre han hecho: convertir limitaciones en posibilidades, preservar culturas a través de océanos y fronteras, y forjar futuros que ellas mismas quizás nunca conocieron pero que pueden imaginar perfectamente para sus hijos.
“Cada sacrificio tiene sentido cuando miro a mis hijos. En sus ojos veo un futuro que hace que todo valga la pena,” dijo Carmen.