Llegué a Amsterdam por primera vez, en un viaje que hice por el norte de Europa con mi hermano Camilo, una tarde de diciembre de 1988. Recuerdo que hacía mucho frío, íbamos forrados de abrigos de todo tipo de la cabeza a los pies y a pesar de todo el envoltorio, estábamos helados. Entonces éramos muy jovencitos y teníamos poco dinero, así que decidimos dormir en un albergue juvenil cerca del centro, muy bonito y bien acondicionado, donde como cosa curiosa, los baños y las duchas eran compartidos por chicos y chicas sin distinción, eran unisex. Superada la vergüenza de ducharte al … Read More
