En una esquina, cerca de mi casa en el barrio de San Antonio de Cali, una señora, que entonces me parecía muy mayor, tenía una venta de costillitas de cerdo fritas que acompañaba en el plato con arepa y ají. Esa casa era un templo del sabor donde los olores se escapaban por la ventana y, para mí, aquel rincón de magia culinaria se convirtió en una pasión secreta. Reunía todas las moneditas que podía y de vez en cuando me daba el placer de disfrutar de esas costillitas. En la Colombia de aquellos tiempos la carne de cerdo era … Read More
