Tras incendio que destruyó complejo de apartamentos en Hampton Bays, inquilinos denuncian las “precarias condiciones” en las que vivían antes del fuego; El propietario las niega

In Noticias, Portada by Juliana Holguin y María del Mar Piedrabuena Leave a Comment

Los antiguos inquilinos del complejo de apartamentos destruido por el fuego el primero de abril han solicitado al propietario del inmueble que conserve todas las pruebas en el lugar hasta que la investigación sobre las causas concluya. Foto: Juliana Holguín

Casi dos semanas después de que un incendio destruyera un edificio de apartamentos en Hampton Bays y dejara a cinco familias desplazadas, se han planteado múltiples quejas sobre las condiciones de vida de la edificación.

Los antiguos inquilinos se han unido para pedir al dueño de la propiedad que no interfiera hasta que concluya la investigación sobre la causa del incendio.

Goteras, problemas eléctricos, plagas de cucarachas y ratones, y electrodomésticos que no funcionaban o estaban en mal estado, son algunas de las quejas planteadas por las familias desplazadas, acusaciones negadas con vehemencia por el arrendador.

Aurelia González, quien vivía con sus tres hijas en uno de los apartamentos ubicados en el 317 de East Montauk Highway, dijo que siempre tuvo problemas con las goteras persistentes. Ella dijo que se quejó varias veces directamente con su arrendador, Victor La Terra, propietario de L Squared, la compañía bajo la cual figura el complejo de apartamentos de 13 unidades. González dijo que el problema nunca se resolvió.

“Cuando llovía, el agua entraba por el techo, y le decíamos eso, pero él me respondía que si me gustaba así, bien, y si no, que buscara otro lugar para vivir”, dijo González.

Hermes González, el inquilino del apartamento 2E, también describió haber experimentado goteras en la unidad que compartía con su esposa, Miriam, y su hijo de 9 años.

“Si llovía en la noche, a la 1 de la mañana tenía que levantarme para poner un balde”, dijo, y agregó: “En mi país, yo era pobre, pero nunca experimenté eso”.

Los ex inquilinos también denuncian que el propietario ingresaba a las unidades sin pedirles permiso. “Un día mis niñas menores estaban durmiendo y él entró y mi hija mayor lo vio y se enojó. Ella le empezó a reclamar y le dijo que si nosotros estábamos pagando la renta él no tenía por qué entrar. Pero él dijo que el dueño era él y eso le daba derecho a hacerlo ”.

Diego Acevedo, el inquilino del apartamento 1A, quien antes del incendio llevaba viviendo un año en el edificio, dijo que cuando se mudó por primera vez, su apartamento era “inhabitable” y que tuvo que pagar de su propio bolsillo aproximadamente el equivalente de un mes de alquiler, en costos de limpieza y reparación de la unidad para poder vivir en ella.

“Tenía varios problemas”, dijo. “Cuando me mudé, había mucha basura, así que tuve que limpiarla. La plomería estaba fallando, tuve que arreglar eso. La pintura era inadecuada, así que pinté. Y también tuve que hacer muchas otras reparaciones. De todas esas reparaciones, el arrendador solo me devolvió el dinero por una cosa: arregló el lavaplatos en la cocina, pero todo lo demás lo pagué yo mismo con una tarjeta de crédito, así que tengo todas las pruebas de lo que pagué”.

Los inquilinos también alegaron que el edificio era un nido de cucarachas, ratones y chinches, con los que dijeron que tuvieron que acostumbrarse a vivir.

“También había un problema con los ratones. No tengo pruebas, pero tengo las ratoneras. Terminé matando 27 ratones”, dijo Acevedo. “También había una plaga de cucarachas en todo el complejo, era horrible”. El propietario rociaba el edificio, dijo, pero no funcionaba.

Hermes González dijo que el arrendador los acusaba de traer las cucarachas y los chinches porque dejaban abiertas las puertas de los departamentos. González dijo que para mantener a raya la infestación, tenía que pagarle a alguien para que fumigara profesionalmente su unidad, a un costo de entre 150 y 200 dólares en promedio, por el servicio.

Minerva Pérez, directora ejecutiva de OLA of Eastern Long Island, una de las organizaciones que están ayudando a las familias desplazadas tras el incendio, dijo que los antiguos inquilinos habían expresado muchas veces al propietario sus preocupaciones sobre el estado de la propiedad, “rogándole” que corrigiera lo que ella dijo probablemente se consideraría múltiples violaciones del código.

Los inquilinos dijeron que soportaron las condiciones en las que vivían, principalmente por “lo difícil y costoso” que puede ser encontrar un lugar para vivir en los Hamptons, el área donde todos trabajan.

Pérez dijo que debido a la crisis de vivienda en el East End, donde las unidades de alquiler son extremadamente difíciles de encontrar, muchos inquilinos se ven obligados a aceptar malas condiciones para no hacer enojar a los propietarios, porque no quieren perder sus casas.

“La realidad es que en cualquier otra comunidad el incendio ya sería una tragedia en sí mismo, tener que ir a otro lugar es una tragedia, pero aquí en esta zona no existe ni esa posibilidad, no hay a dónde ir”, Pérez dijo. “Son familias que llevan cinco, 10 años, pero la crisis habitacional que existe solo agudiza la situación”.

La Terra negó cada una de las denuncias en una entrevista. Dijo que el edificio estaba al día con el mantenimiento y que todo en el complejo funcionaba correctamente. “La única condición que existió es el descuido y la falta de limpieza por parte de los inquilinos”, dijo. “Todo estaba en orden.”

El propietario del complejo también negó ingresar a las unidades sin la autorización de los inquilinos. “Eso no es verdad. Si hubiera estado allí [el día del incendio], habría entrado y apagado el horno, pero yo nunca entro sin autorización”, dijo.

Aún está pendiente la determinación de la causa del incendio y una investigación está en curso, sin embargo, las indicaciones preliminares sugirieron que el incendio podría haber comenzado en uno de los apartamentos de la planta baja.
La Terra dijo que cree que el incendio comenzó en el apartamento 2W, donde vivían John Muñoz, su esposa, Inés Morales, y su hijo de 8 años, Junior.

Muñoz dijo que alrededor de las 3:15 p.m. el 1 de abril puso a fuego lento una olla de arroz mientras salía a esperar a su hijo a la parada del autobús escolar cercana. Cuando regresó unos minutos después, el incendio ya estaba en proceso, dijo.

“Cualquiera puede decir que fue mi negligencia, porque supuestamente el incendio se inició en mi departamento, en mi cocina, pero mi estufa tenía problemas eléctricos. Había que sacudir la estufa para encenderla, seguro que tenía corto, y al moverla hacía contacto y funcionaba. También había que conectarla directamente, porque no había un enchufe apropiado”, dijo Muñoz. “Le dijimos al propietario muchas veces que lo arreglara, pero dijo que era mi estufa y no la suya”.

Muñoz, al igual que varios de sus vecinos, dijeron que creen que el incendio pudo haber sido causado por los daños existentes en los sistemas eléctricos. “Creo que es más por el panel eléctrico ubicado en la parte trasera”, dijo.

“Lo que sospechamos es que es culpa del edificio porque los interruptores saltaban con frecuencia, las conexiones eléctricas eran muy viejas y nunca hubo mantenimiento. Los interruptores estaban en mi unidad, así que cada vez que saltaban, los vecinos tenían que venir y pedir que los pusieran, y eso sucedía con mucha frecuencia”, dijo Acevedo.

Acevedo añadió que le dijeron al propietario sobre este problema, pero que La Terra les decía que los inquilinos estaban sobrecargando el circuito. “Todos teníamos un refrigerador, un microondas y un televisor como máximo”, dijo.

La Terra dijo en una entrevista que “no había problemas eléctricos en el departamento y no van a descubrir que hubo problemas eléctricos”.

Y agregó: “Todos los apartamentos estaban bien. Cualquier infracción que tuvieran la aclaramos. Muchas de esas violaciones fueron mentiras”.

Actualmente hay cargos pendientes de aplicación del código en el complejo de apartamentos, dijeron funcionarios de la ciudad. También hay una demanda pendiente que La Terra presentó en un tribunal federal en 2020, acusando al municipio de Southampton, de atacar su negocio porque sus inquilinos eran predominantemente latinos.

La Terra reiteró en varias ocasiones que aunque se desconoce la causa del incendio, presume que fue por grasa acumulada en la cocina del apartamento 2W y por la negligencia en dejar desatendida la unidad mientras el inquilino recogía a su hijo en la parada de autobús.

“Si vas a recoger a tu hijo, no dejas nada en la estufa. Es una negligencia extrema. Cualquiera con inteligencia, recuerda apagar el horno. Debe haber sido un incendio de grasa que se propagó rápidamente, si ese fue el caso. Recuerde, sigo diciendo, ‘si ese fuera el caso’. ¿Qué hombre responsable deja algo en la estufa y va a recoger a su hijo? él dijo.

También aseguró que cree que siempre fue diligente en resolver las solicitudes de los inquilinos.

“Fumigamos. En otras palabras, ¿están diciendo que la destrucción de todo un edificio fue causada por unas cuantas cucarachas? él dijo. “Si alguien tenía un problema, yo siempre lo solucionaba. Tengo una alta tolerancia. No es solo mi edificio sino el hogar de ellos”.

La Terra continuó diciendo: “Han estado allí durante años y son inquilinos de mes a mes. Eso significa que pueden irse en cualquier momento, y si son mucho problema para mí, puedo decirles que se vayan. Como vivieron allí durante bastante tiempo, solo puedo llegar a una conclusión, y es que eran felices allí”.

Según la garantía de habitabilidad, una disposición de la Ley de Bienes Raíces del Estado de Nueva York, los inquilinos tienen derecho a “un apartamento habitable, seguro e higiénico, un derecho implícito en todo contrato de arrendamiento residencial oral o escrito”.

Específicamente, la ley dice que la vivienda debe ser “apta para habitación humana” y que los inquilinos “no estarán sujetos a ninguna condición que sea peligrosa, riesgosa o perjudicial para su vida, salud o seguridad”.

Según la Guía de Protección y Derechos del Inquilino publicada por la oficina de la fiscal general del estado de Nueva York, Letitia James, un ejemplo de violación de esta garantía incluye no eliminar una plaga de insectos.
La guía también especifica que un inquilino cuya propiedad tiene varias viviendas “debe mantener los apartamentos y las áreas públicas del edificio en “buen estado” y limpios y libres de alimañas, basura u otro material ofensivo”. Esto incluye, “mantener los sistemas eléctricos, de plomería, sanitarios, de calefacción y de ventilación, y los electrodomésticos que instaló el arrendador (como refrigeradores y estufas) en buen estado de funcionamiento y seguro”.

Según la ley, los inquilinos también tienen derecho a la privacidad dentro de sus hogares. Sin embargo, un propietario puede ingresar al apartamento de un inquilino “con un aviso previo razonable, en un momento razonable y con el consentimiento del inquilino, ya sea para proporcionar reparaciones o servicios de rutina o acordados o de conformidad con el contrato de arrendamiento”. En casos de emergencia, como un incendio, el dueño de una propiedad puede ingresar a una vivienda sin permiso.

Por ahora, los inquilinos han enviado una carta al propietario del inmueble y a su abogado, pidiéndole al propietario que conserve todas las pruebas en el lugar del incendio hasta que se la investigación formal concluya.

Letreros como éste, distribuidos en diferentes puntos de la edificación destruida por el fuego, indican que no se puede traspasar las barreras de seguridad porque la estructura es inestable y peligrosa. Foto: Juliana Holguín

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Juliana Holguin y María del Mar Piedrabuena

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